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Don Manuel Gago García
por Manuel Gago Quesada
El día 22 de septiembre de 2005 tuvo lugar una audiencia en una Sala de Justicia de la llamada
"Ciudad de la Justicia", de Valencia. En una vista que duró cinco horas, y a la que no asistió
ningún miembro de la familia Puerto-Vañó, pero que estuvieron muy dignamente representados
por su letrado Santiago Soler, y menos dignamente por otros dos letrados, lo cual honra a estos
últimos, quedó vista para sentencia la demanda de anulación de marca "El guerrero del antifaz"
que los herederos del autor habíamos planteado a través de la Vegap.
Dos meses después, hubo una sentencia favorable para nosotros, pero los Puerto-Vañó la
recurrieron, y el 9 de septiembre de 2006 me encontré en el periódico "Levante" el artículo que he
publicado arriba.
En la página anterior he escrito las características del contrato que mi padre firmó a petición de
sus editores. He de decir que ningún dibujante de la época se veía obligado a firmar contrato
alguno con su editor, por lo que siempre era libre de marcharse a otra editorial que les
remunerase mejor; mi padre, en cambio, tuvo la mala fortuna de ser un filón de oro para los
explotadores de su trabajo, y ello le resultó nefasto, pues al caer totalmente en manos de aquellos,
tuvo que conformarse con los aumentos de emolumentos que el empresario decidía, y no con
arreglo a la evolución natural del mercado como sucedía con los demás colegas de profesión; así,
mientras un dibujante no atrapado, todos menos mi padre, consideraba que su trabajo estaba
mal pagado, lo dejaba y se iba a otra editorial que lo valorase más. De esta forma, a mediados de
los años 50 del siglo pasado, mi padre seguía con sus 3.000 pesetas por cuaderno, mientras que
los otros dibujantes, sin necesidad de trabajar tantísimas horas, obtenían 7.000 por el único
episodio semanal que realizaban de la colección en la que estuviesen trabajando. Esto repercutió
en la calidad de los dibujos de mi padre, que habían de ser muy rápidos por necesidad; así, los
demás dibujantes adquirieron prestigio entre los editores de Barcelona, que eran los que mejor
remuneraban a sus colaboradores; mi padre jamás pudo lograr la perfección que Editorial
Bruguera, o Toray, exigían, y como además permanecía atado por el nefasto contrato de
exclusividad y pérdida de todos sus derechos firmado en 1949, perdió todas sus posibilidades de
trabajar como él hubiese querido.
De todas formas, en 1966, fecha el que al editor ya no le convino tener como colaborador a
Manuel Gago pues las ventas de todas las publicaciones habían bajado a causa, por una parte, del
endurecimiento de la Censura oficial del Régimen y su santa aliada la Iglesia, y por otro, de la
aparición de la televisión, el editor cerró las puertas de su empresa a mi padre, se olvidó de que
tenía un contrato, o bien, seguramente fue eso, a Manuel Gago se le había olvidado
repentinamente eso de dibujar y el editor, que en esta época era uno de los hijos de D. Juan
Bautista, seguramente le dijo: Señor Gago, sus dibujos no tienen ya nunca ni tendrán la suficiente
calidas ni esmero, así que váyase y no vuelva a aparecer más por aquí. Así de fácil, pues ese era el
espíritu de tan aberrante papelorio sujeto por unas viejas grapas de 1949.
Por último quiero hacer dos apuntes a la sentencia de la audiencia provincial de valencia. Dicen
los administradores de "justicia" que Manuel Gago consintió durante 34 años de colaboración
con la Valenciana que esa situación se perpetuase, y que nunca intentó explotar él mismo su
trabajo. Dicen que 3.000 pesetas eran una cantidad importante para la época, pero no dicen
nada de que 300.000 limpias para el editor cada semana, por una sola colección, era una
cantidad desproporcionada y astronómica, un reparto radicalmente injusto. Dice también que
había que registrar la marca bajo pena de multa, (lo que es falso) y que por eso la registró quien
ya tenía cedidos los derechos a explotarla. ¡Señores administradores de la justicia, sobre este
último punto: ¿No han caído ustedes en la cuenta de que que primero el editor registró a su
nombre el personaje, y después obtuvo la cesión de los mismos imponiendo esos gastados papeles
a los que ustedes han dado el nombre de contrato, y no a la inversa? Vamos, es una mascarada
increíble, que dice mucho de ustedes, señores.
La escena más dura que tuvo lugar alrededor de esos derechos de autor tan maltratados, tuvo
lugar en febrero de 1980; una empresa cinematográfica, la Globe Films, había ofrecido a mi
padre un contrato para llevar a la pantalla "El guerrero del antifaz", y Manuel Gago, que nunca
creyó que había cedido sus derechos con unos papeles de los que ya ni se acordaba, viajó a
Madrid, firmó el contrato y recibió un cheque como anticipo; aún no había salido de Madrid para
regresar a Valencia cuando recibió la llamada del gerente de Edival (ese era entonces el nombre
de la Editorial Valenciana), que le dijo: "usted no puede firmar ese contrato porque nosotros
tenemos registrado al personaje". Estas fueron las palabras que pronunció mi padre cuando
regresó a casa rendido de ese viaje, y acto seguido cayó abatido en un viejo sillón de plástico rojo
que había en el modestísimo salón de nuestro domicilio en la calle de Pintor Stolz; Se hallaba
dibujando episodios de "Nuevas Aventuras del Guerrero del Antifaz", para la Valenciana, a la que
había convenido retomar al personaje a finales de 1978. Ni siquiera entonces fue posible ir al
Juzgado a entablar un pleito, pues la mitad de los modestos ingresos mensuales de mi padre
procedían de Edival, y dependía de ellos.
Unos meses después, el día 29 de febrero de 1980, falleció en Valencia a los 55 años de edad.
Seguro que trabajó mucho más de lo que tenía que haber trabajado, y seguro que sufrió mucho
más de lo que tenía que haber sufrido, y eso sin duda le paso pronta factura. Al mes siguiente, el
editor lanzó una reedición completa del guerrero, que hipócritamente presentó como "Homenaje
a Manuel Gago".
Aquí doy por finalizada esta terrible historia, aunque realmente no terminó aquí. Personalmente,
los daños causados a mi padre, y los daños causados a mí como repercusión a causa del tiempo
que mi padre no pudo dedicarme en mi niñez pues tenía que forrar de millones a sus explotadores,
no tienen perdón ni compensación, ni en este mundo ni en el que vendrá después de éste.
Pienso que es suficiente con lo que he relatado. Gracias por tu visita.
Fdo: Manuel Gago Quesada.
En Paterna, a 16 de septiembre de 2006.